Confieso que, a pesar del respeto que me merece el autor Elmore Leonard -responsable de crear el personaje ficticio de Raylan Givens y otros, igualmente memorables, de la última novela policíaca norteamericana-, mi primera aproximación a la serie Justified:la ley de Raylan fue desconfiada y cautelosa. La cadena que la acogía (FX), proclive al entretenimiento intrascendente, y un género como este, que últimamente tiende a ensalzar a héroes violentos y descerebrados (en Sons of Anarchy han alcanzado niveles de catarsis mística), no hacían más que acrecentar mis recelos. Y no es que Justified (la llamaré así a partir de ahora porque detesto esa innecesaria coletilla) no ande bien colmada de todos estos aspectos mencionados. Sin embargo, para mi sorpresa y admiración, ha ido ganándome semana a semana hasta convertirme en uno de sus más encendidos defensores.
Justified comenzó su andadura con la convencional estructura de relato, aprobada para toda serie policíaca que se precie, abriendo y cerrando un nuevo caso en cada capítulo, y manteniendo una pequeña subtrama a lo largo de toda la temporada que estallaba inevitablemente en los últimos episodios. Pero, a partir de la segunda entrega (estupenda), los guionistas con la ayuda inestimable de Elmore Leonard, han ido tejiendo el perfecto relato, aquel que va solapando historias en continuidad que indefectiblemente te atrapan en una apasionada narración, en este caso negra como el carbón, y servida a mamporro limpio. Así, sin treguas. Un sólido andamiaje que se ampara en el clasicismo más absoluto: la lucha entre el bien y el mal pero sin maniqueísmos y artificios. Los puñetazos duelen y las balas hieren, y entre medias los diálogos te desarman, por el ingenio y la ironía que derrochan. ¿Hay alguna serie hoy día que tenga mejores diálogos que Justified?
Pero, por si fuera poco, Justified tiene toda una galería de personajes fascinantes, construidos a la perfección por plumas expertas y dotados de vida gracias a unos actores que parecen disfrutar de cada una de sus intervenciones. No resulta difícil imaginar lo divertido que debe ser meterse en la piel del contradictorio Boyd Crowder (Walton Goggins), del imprevisible Dickie Bennett (Jeremy Davies), del furioso psycho Robert Quarles (Neal McDonough) o del ladino Ellstin Limehouse (Mykelti Williamson), por nombrar alguno de los personajes e intérpretes que han iluminado esta temporada. Todos ellos descritos en claroscuros como su protagonista, el agente judicial con más puntería de Kentucky, Raylan Givens (excelente Timothy Olyphant), pegado a su pistola, a un buen trago y llevando la vida a cuestas de motel en motel, alternando con distintas mujeres fatales -que hacen de su existencia algo mucho más complicado- y empeñado en imponer la ley al territorio salvaje y hostil que le vio crecer. Y todo esto sin quitarse el sombrero.





