CRÍTICA| El secreto del libro de Kells

El cine de animación vive, sin lugar a dudas, una nueva edad de oro. En los tiempos de la imagen y el diseño este sector ha encontrado su propio espacio. Mientras Disney anda un poco de capa caída y el maestro Miyazaki (El viaje de Chijiro) disfruta de una merecida jubilación, Pixar reina con absoluta ventaja en este campo acompañada, en ocasiones, de pequeños éxitos de DreamWorks (Cómo entrenar a tu dragón). Pero, afortunadamente, hay vida más allá de la factoría de John Lasseter; autores independientes como Henry Selick (Los mundos de Coraline) o Adam Elliot (Mary and Max) marcan la diferencia. A ellos habría que unir el talento de Tomm Moore y Nora Twomey del estudio irlandés Cartoon Saloon responsables de la cinta que nos ocupa, El secreto de Kells.

Brendan, el niño protagonista, crece y se educa en la Abadía de Kells que regenta su propio tío el Abad Cellach (a quien pone voz ese actor irlandés inmenso que es Brendan Gleeson) obsesionado con la idea de levantar un muro que les proteja de la invasión de los despiadados hombres del norte, los vikingos. El joven, al tiempo que ayuda a su tío en su empeño, aprende el oficio de caligrafista en el scriptorium del monasterio. Un día reciben la visita de Aidan de Iona, un célebre monje ilustrador que trae consigo un famoso libro que a consecuencia de su avanzada edad ya no puede escribir. La curiosidad del niño despierta la idea en el anciano sobre una posible continuidad generacional de su trabajo. Pero Brendan tendrá que conseguir antes el fruto que da la mágica tinta y una hermosa piedra para el dibujo. Ambas se encuentran en el exterior de los muros, a merced de la naturaleza, donde conocerá a un ser misterioso que le ayudará en sus propósitos.


Fue toda una suerte, para esta modesta compañía de animación, que la Academia de Hollywood se fijará en la mencionada película por encima de otras propuestas como mayores posibilidades como Ponyo (2008) del Studio Ghibli. La nominación, en la categoría de mejor largometraje animado, para los pasados Oscar fue toda una sorpresa y supuso la posibilidad de su estreno en muchos países que de otra forma no se habría dado. Así hemos podido disfrutar de este pequeño film realizado con métodos casi artesanales y a contracorriente de las actuales tendencias.


Mientras todos andan preocupados por integrar el 3D en sus proyectos, la obra de Moore y Twoney se decanta por el clásico 2D con resultados prodigiosos. Se inspiran en la propia estética medieval que adorna las páginas del Libro de Kells, reliquia histórica irlandesa sobre el que gira la trama, y cada nueva escena se convierte en un derroche imaginativo sin límites. En gran medida se desprenden de la idea naturalista del dibujo para beneficio de una historia de clara inspiración celta. No obstante, hay una cierta morosidad en el ritmo de la narración debida, seguramente, al empeño por ilustrar primorosamente cada secuencia. Con todo, una primera película muy destacable, con mensaje ecologista, sobre la libre difusión de la cultura y la futilidad de los muros de la clase que sean. Cabe destacar la impresionante banda sonora, obra del compositor francés Bruno Coulais (Los mundos de Coraline, Oceans), que pone la guinda a este conjunto de enorme belleza formal.

Título original: The Secret of Kells. Dirección: Tomm Moore y Nora Twomey. Guión: Fabrice Ziolkowski sobre una historia de Tomm Moore. Año: 2009. Nacionalidad: Irlanda. Intérpretes (voces): Brendan Gleeson, Evan McGuire, Christen Mooney y Mick Lally. Duración: 75 minutos. Valoración: 7’5/10.
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